jueves, 8 de marzo de 2012

 
En este día tan especial mis más sinceras felicitaciones a ustedes, mujeres que han hecho suya la causa cubana y la han abrazado infinitamente. También para todos esos hombres que con su actuar diario nos hacen sentir orgullosa de ser sus eternas compañeras de lucha.
 
Comparto, además, una carta de felicitación escrita por René González, ese gran hombre que en momentos tan difíciles hace un alto y dedica tiempo a tod@s l@s que lo han acompañado en estos casi 14 años de injusticia.
 
Abrazos,
 
Yarisleidis Medina Valle
Atención Uruguay
ICAP

CUANDO SE ALISTA EL CORAZÓN  DE LA MUJER
Por Julio César Sánchez Guerra
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No sé en qué  estaba pensando Balzac cuando dijo que, “la única gloria de la mujer es hacer latir el corazón de los hombres”; tal  juicio no escapa de la visión androcéntrica que alimentó todo el siglo XIX, y que consideraba al hombre, el sol del universo.
En el conocido pasaje bíblico,  la mujer es tomada de la costilla del hombre, y es Eva quien incita a Adán al abordaje de la fatídica fruta. Entre los pueblos Aimaras, de antigua cultura, el hombre y la mujer son dos mitades de una unidad, donde el malo es el hombre y la buena es la mujer, por lo menos una vez, el hombre no es el centro de la gloria de la luz.
Recuérdese el pasaje de Martí, en el ensayo Nuestra América, donde nos habla del Padre Amalivaca engendrando al hombre y a la mujer de la semilla de la palma moriche, no nacía la mujer de la costilla del hombre; ahora crecían juntos, desde la misma simiente.
Esa ha sido la gran batalla de las mujeres: reclamar derechos, propios de una  extraordinaria criatura viviente. Larga fue la historia hasta el día en que Clara Zetkin levantó la voz por la igualdad de la mujer, sin conocer, que en la Asamblea de Guáimaro de la Cuba insurgente, ya una cubana, Ana Betancourt, había lanzado una  señal de emancipación femenina.
La humanidad se llenó de nombres de mujeres rebeldes, apasionadas por la libertad y el decoro: Si nos asomamos a la ventana del tiempo, ahí están  Sor  Juana Inés de la Cruz, o Juana de Arco;  Manuelita Sáenz, o  Rosa Luxemburgo; Ethel Rosemberg, víctima del odio y la guerra fría, o Madre Teresa de Calcuta, la que nos dijo: “Ama hasta que te duela”.
Por las palmas erguidas de Cuba, pasan mujeres, haciendo latir el corazón de la humanidad: Mariana, Lucía Iñiguez, Manana, la esposa de Gómez, doña Leonor, la madre de Martí, Melva, Haydeé, Celia, Vilma…las mujeres y madres de Cinco Héroes que no claudican, las mujeres que no aparecen en los libros  de historia, pero sí en la memoria de una familia, mi madre que fue maestra y federada.
Por las palmas y las flores, pasan las que no tuvieron miedo de ser  ellas mismas; las millones de anónimas mujeres que abrazaron a sus hijos, o a sus hermanos, el día en que partieron a pelear o morir, por la risa de otros niños.
En las venas de Cuba y el mundo, están las mujeres dispuestas a dar todo el aire por la paz; ellas ponen el pecho a las piedras para que no  maten a la esperanza, y desfilan por la primavera de la vida.
Mujeres también heroicas, las que van todos los días al trabajo, arman rosas nuevas, cosen la camisa rota, preparan la comida, curan el último dolor de la jornada,  y antes de dormir a sus hijos, les entregan con un beso , el alma.
No sé en qué estaba pensando Balzac  cuando habló de las mujeres, prefiero recordar el minuto en que Martí  dijo a las Damas de Patria: Las campañas de los pueblos solo son débiles cuando en ellas  no se alista el corazón de la mujer
Y ese corazón, no desmaya, porque en él reside la ternura, la lucha, el nido, el coraje, el heroico camino de abrir las ventanas a la luz.

SOLIDARIDAD CUBANA, LO QUE NO MUESTRA EL INFORMATIVO

Liberar a los presos del Imperio

Por los 5